Passos Coelho se encargó de anunciar solemnemente en televisión, en otoño, que los funcionarios y pensionistas que cobraran más de 1.000 euros no tendrían, ni en 2012 ni en 2013, pagas extraordinarias de Navidad y verano. No era la primera vez: ya les habían bajado el sueldo y escamoteado la paga de Navidad de 2011 en una suerte de impuesto especial.
Han subido el IVA y las medicinas. Han bajado la frecuencia de los autobuses y de las líneas de metro, en Oporto y en Lisboa, que, además, presentan unas tarifas más caras.
Ir a urgencias cuesta 20 euros, el doble que hace unos meses. Y una consulta normal se grava por primera vez en Portugal con cinco euros.
De nuevo la imagen de un Estado que se deshace poco a poco: cuarteles con ambulancias paralizadas porque no hay dinero para ponerlas en marcha, colegios del siglo XXI sin profesores que los atiendan como es debido, autopistas primorosas de peaje, que cruzan de lado a lado el país, casi desiertas por falta de automovilistas que las usen…
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